jueves, 11 de marzo de 2010
PALABRAS "C"
El abiertamente progolpista diario Clarín muestra su vocación por la mentira de una manera tan grosera que ya cae simpática. Hace algunos días, el diario de la apropiadora de hijjos de desaparecidos, tituló en Tapa: "Bloque K al senado con la ayuda de Menem".
El grupo Clarín, doblemente beneficiado por otras tantas maniobras fraudulentas de Domingo Felipe Cavallo con deudas contraídas en dólares y pagadas en pesos, se esfuerza en demonizar al gobierno de Cristina Kirchner, mostrándolo pegado a Menem, aún en una cuestión de la que ni siquiera es parte, hace entonces de la estrategia de dejar sin quorum la cámara, una cuestión de principios ultrademocráticos que simulan defender a sol y sombra.
Sin embargo, el apego por la democracia del Grupo "C", se derrumba como torpedo de Frigor al sol, cuando las maniobras del circo opositor designan a los presidentes de las comisiones del Senado, en una de las acciones más antidemocráticas y dañinas de la historia parlamentaria mundial. Para posibilitar ese fraude a la voluntad popular, los bloques armaron una ficción en la cual se debe suponer que toda la oposición es un sólo bloque mayoritario. Nada más falso, más antidemocrático y más antipopular.
Sin verguenzas de ningún tipo, los señores senadores desconocieron a una primera minoría legítima y popularmente electa despojándola del derecho tradicionalmente establecido de presidir las comisiones de la Cámara Alta.La actitud no es novedosa, pero sorprende por lo burda y descarada. Evidentemente, la oposición está perdiendo las formas al ritmo en que van perdiendo privilegios sus sostenedores ideológicos y materiales.
El diario que anunció el sangriento golpe militar del '76 con el título "Hay nuevo Gobierno", tiene en portada al gobierno consagrado por el pueblo desde hace varios meses. Una y otra vez, las garras del monopolio se clavan en los cuellos de quienes aún soportan seguir leyendo basura. Para Clarín, los millones de personas que votaron a Néstor Kirchner y luego a su esposa, no existen. Todas las medidas y los planes son simplemente cosas K: "Se vota la Ley de Medios K", "Derrota K en Diputados", "Procesan a una ex ministra K", Kirchner perdió el control del congreso".
La palabra intenta aislar. Los millones de ciudadanos que votaron este gobierno, los miles de militantes que lo defienden, los miles de trabajadores y estudiantes que lo sostienen, no existen. Todo es K. El enemigo es uno y sólo uno, o cómo máximo dos (o un matrimonio).
Por el contrario, el contubernio opositor tiene un trato diferente. Cuando opina el vocero de la iglesia católica, Jorge Casaretto, el titular es "La iglesia cruza al Gobierno: dice que hay más pobreza".
Lo mismo ocurre con toda opinión crítica al gobierno, la colectivización de la opinión es una clara estrategia que a esta altura ya no tiene nada de subliminal: De Angelis es "El Campo", el asesino de Kosteki y Santillán, Eduardo Duhalde, es "el peronismo disidente" y Mirta Legrand y Suana Giménez son "la Televisión".
Otro ejemplo muy ilustrativo de esto, es el de la consulta popular realizada en Venezuela en el 2007. El 50,7 % del electorado es "Venezuela" , pero el 49,3 % es simplemente "Chávez".
Nada nuevo bajo el sol...
Todavía duele de indignación el asesinato de Kosteki y Santillán por la represión ordenada por Duhalde, que el Gran diario argentino intentó disimular con su cébre "La crisis causó dos nuevas muertes".
NO OLVIDAR. NO PERDONAR.
lunes, 11 de enero de 2010
Clarín: el gran diario argentino.
La palabra, siempre fue una herramienta política formidable.
Los secretos de su uso fueron el arma fundamental de los grandes líderes de la historia de la humanidad, y en estos tiempos donde las comunicaciones son instantáneas de cualquier punto a otro del planeta, quienes tienen la fuerza de imponerla, poseen una cuota importante del poder social.
Ese poder, tiene variables ineludibles que potencian o disminuyen la fuerza con que el mensaje llega a los destinatarios; variables que tienen que ver con la credibilidad del emisor, con la consecuencia y la coherencia de su trayectoria y con la conducta ética sostenida a través del tiempo.
Sin embargo, la propia condición humana tiene sus limitaciones. Los años pasan, las generaciones se suceden, y no siempre está a la vista que los mentirosos de ayer son los mentirosos de hoy.
En todas las sociedades, los medios de comunicación sirven a determinados intereses, y esos intereses siempre, en mayor o menor medida, condicionan las opiniones; ese condicionamiento, sin embargo, debe (o debería), tener una barrera, que es la ética.
Frente a ella, aún desde el dolor de las propias contradicciones, no se debe transar, porque opinar, nunca puede ser mentir, desde ningún lugar, y desde ninguna causa.
viernes, 16 de octubre de 2009
QUE LA CHUPEN !!!
Alcanza con revisar los archivos de TVR para darse cuenta de la miserabilidad de la gran mayoría de los periodistas deportivos argentinos.
Niembro diciendo que Verón ha cumplido un ciclo, Niembro diciendo que Verón a su edad es una figura mundial. Elio Rossi diciendo que Bielsa no sabe nada de fútbol, Elio Rossi diciendo que Bielsa es un señor y un sabio. El golpeador de mujeres Mariano Closs diciendo que Ruggeri tiene que ser el DT de la selección, el golpeador de mujeres Mariano Closs diciendo que para qué Ruggeri si hay otros mejores y de más experiencia.
Si esta condición de miserables se agotara en lo futbolístico, ya sería difícil de digerir, pero al extenderse a otros ámbitos, se torna aún más intolerable.
Los Fernando Niembro, Mariano Closs y muchos otros personajes que denigran a diario la profesión, inescrupulosos hasta provocar el vómito, no son serviles gratuitamente a los dictados de sus amos de turno. Botones de sus propios compañeros, a muchos de los cuales hicieron echar de sus trabajos, sostienen una carrera basada en la mala leche.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Morirse ya no es tan caro, señora...
Después de estar durante un par de horas sumergido en el tránsito del centro, volvía manejando casi de memoria por Avenida Belgrano hacia el sur, en Avellaneda.
La vuelta siempre tiene riesgos extra, porque uno pone el piloto automático y casi que maneja sin mirar. Con los reflejos adquiridos después de varios años de circulación en la jungla, somos una especie de perros de Pavlov avanzando a la velocidad que la marea nos impone.
Sin embargo, a veces, algo nos despierta de repente y nos saca de golpe de la monotonía del paisaje. Ese vaso de agua en la cara fue hoy el cartel azul con letras blancas que surgió de la vereda derecha como una aparición: “Velatorios por $ 1.000, incluye azafata. Cremación bonificada”.
Ese letrero me alegró la tarde!
La vuelta siempre tiene riesgos extra, porque uno pone el piloto automático y casi que maneja sin mirar. Con los reflejos adquiridos después de varios años de circulación en la jungla, somos una especie de perros de Pavlov avanzando a la velocidad que la marea nos impone.
Sin embargo, a veces, algo nos despierta de repente y nos saca de golpe de la monotonía del paisaje. Ese vaso de agua en la cara fue hoy el cartel azul con letras blancas que surgió de la vereda derecha como una aparición: “Velatorios por $ 1.000, incluye azafata. Cremación bonificada”.
Ese letrero me alegró la tarde!
lunes, 21 de septiembre de 2009
PRIMAVERA
La primavera se ve en las calles: en los colores de las vidrieras; en las risas de las niñas que se balancean felices por las veredas de Buenos Aires, como pájaros salvajes en celo; en el paso relajado de los hombres de traje y maletín que cruzan la Avenida 9 de Julio escuchando La Mosca en su MP3 que hasta ayer sólo estaba cargado con Joaquín Sabina y Arjona.
La primavera cambia los estados de ánimo; predispone a la amabilidad al cajero del Banco Patagonia ventanilla Dos hasta extremos inauditos; relaja el rostro anguloso del kiosquero de Belgrano y Berutti y afloja los elásticos del corpiño de la promotora de Pan Bimbo en el Carrefour de Avenida Pavón.
La primavera nos viste de fiesta y nos lava la cara por los próximos trescientos sesenta y cuatro días; nos invade con sus olores a hierba fresca, flores silvestres y caca de perro. La primavera explota como sólo Vivaldi puede contarlo, y se mete en la piel y los huesos de cada habitante de esta ciudad de acero y cemento.
Por eso es que la primavera me rompe las pelotas.
martes, 21 de julio de 2009
Vittorio De Montecello, una luz que no han podido apagar.
Cuando algunos años atrás tomé para mí la dura y bella tarea de inmiscuirme en el intrincado mundo de las letras, encontré en Vittorio De Montecello uno de los más cálidos alicientes para que mi carrera universitaria no se hiciera cuesta arriba.
Vittorio fue un filósofo florentino del siglo XIX que retomó con clase y convicción los elementos paradigmáticos del pensamiento renacentista, llevando hasta extremos impensados su afán vindicador.
Sin embargo, su obra, metódica y apasionada, fue silenciada por los poderes de turno con el rencor propio de quienes sienten la daga justiciera del arte atravesar sus anquilosados cerebros. Cuando parecía que el reinado de internet haría caer las eternas barreras censoras que se descargaron desde siempre sobre su obra y aún sobre su propia vida, las múltiples acciones emprendidas por sus descendientes lograron eliminar parcialmente su nombre de los buscadores. Aún así, algunos seguidores han burlado el cepo informático y su biografía puede verse bajo distintos anagramas y seudónimos alternativos.
Veamos pues, de qué hablamos cuando mencionamos a Vittorio De Montecello.
Vittorio fue un filósofo florentino del siglo XIX que retomó con clase y convicción los elementos paradigmáticos del pensamiento renacentista, llevando hasta extremos impensados su afán vindicador.
Sin embargo, su obra, metódica y apasionada, fue silenciada por los poderes de turno con el rencor propio de quienes sienten la daga justiciera del arte atravesar sus anquilosados cerebros. Cuando parecía que el reinado de internet haría caer las eternas barreras censoras que se descargaron desde siempre sobre su obra y aún sobre su propia vida, las múltiples acciones emprendidas por sus descendientes lograron eliminar parcialmente su nombre de los buscadores. Aún así, algunos seguidores han burlado el cepo informático y su biografía puede verse bajo distintos anagramas y seudónimos alternativos.
Veamos pues, de qué hablamos cuando mencionamos a Vittorio De Montecello.
sábado, 11 de julio de 2009
Ya no hay respeto.
Cuando era muy chiquito, empecé a ejercitar la sana costumbre de resistir.
Me resistía a comer, a bañarme, a estudiar, a hacer la germinación del poroto, a colorear un planisferio escribiendo en él los nombres de los continentes, los océanos y los principales mares, a saludar a la Tía Helena que baboseaba todo lo que tenía a menos de un metro de distancia, a no comer en la cama y a no abrir la heladera descalzo.
La rebeldía a todo lo que tuviera por delante fue la única causa por la que guardé una constancia a toda prueba y hasta hoy sostengo con legítimo orgullo.
Admito haber cometido innumerables arbitrariedades y alguna que otra injusticia, pero las asumo sin complejos, como parte de la esencia humana.
Una de las más dolorosas rebeldías que llevo en mi memoria fue cuando la abuela Amelia, de delicados 75 años me dijo con angustia: “Nene, alcanzame el aparato del oxígeno”.
Me resistía a comer, a bañarme, a estudiar, a hacer la germinación del poroto, a colorear un planisferio escribiendo en él los nombres de los continentes, los océanos y los principales mares, a saludar a la Tía Helena que baboseaba todo lo que tenía a menos de un metro de distancia, a no comer en la cama y a no abrir la heladera descalzo.
La rebeldía a todo lo que tuviera por delante fue la única causa por la que guardé una constancia a toda prueba y hasta hoy sostengo con legítimo orgullo.
Admito haber cometido innumerables arbitrariedades y alguna que otra injusticia, pero las asumo sin complejos, como parte de la esencia humana.
Una de las más dolorosas rebeldías que llevo en mi memoria fue cuando la abuela Amelia, de delicados 75 años me dijo con angustia: “Nene, alcanzame el aparato del oxígeno”.
miércoles, 24 de junio de 2009
Hijos del agua
Vaya uno a saber por qué misteriosa razón, el punto de partida de nuestro árbol genealógico se ha instalado en el mono.
El mono es elevado al altar de primer antepasado, como si hubiera llegado de Venus o si los anteriores miembros de la cadena evolutiva no acreditasen merecimientos suficientes para una mínima mención.
¿Y antes del mono qué?
¿Hubiera habido mono sin batracios, sin reptiles, sin medusas?
No hubiera habido monos sin árboles...
Quién sabe...
Deberíamos intentar al menos, ser un tanto más justos en la evaluación de los méritos de quienes nos precedieron. No digo llegar hasta el Big Bang, porque ya sería una desmesura de antepasado al que sería incómodo incluso homenajear, y el debate entre creacionistas y evolucionistas limitaría más aún de lo que ya lo ha hecho, el agasajo intergeneracional; pero al menos, ampliar nuestra mirada hasta un poco más allá de lo inmediato.
El mono es elevado al altar de primer antepasado, como si hubiera llegado de Venus o si los anteriores miembros de la cadena evolutiva no acreditasen merecimientos suficientes para una mínima mención.
¿Y antes del mono qué?
¿Hubiera habido mono sin batracios, sin reptiles, sin medusas?
No hubiera habido monos sin árboles...
Quién sabe...
Deberíamos intentar al menos, ser un tanto más justos en la evaluación de los méritos de quienes nos precedieron. No digo llegar hasta el Big Bang, porque ya sería una desmesura de antepasado al que sería incómodo incluso homenajear, y el debate entre creacionistas y evolucionistas limitaría más aún de lo que ya lo ha hecho, el agasajo intergeneracional; pero al menos, ampliar nuestra mirada hasta un poco más allá de lo inmediato.
domingo, 3 de mayo de 2009
El Trabajo y el hombre.
"Me matan si no trabajo
y si trabajo me matan
siempre me matan me matan
ay siempre me matan"
(DanielViglietti)
Entre las verdades absolutas con que nos van alimentando desde chicos, no por casualidad tienen un papel preponderante, aquellas relacionadas con nuestro rol en el sistema socio-económico del que formamos parte.
“El trabajo es salud” y “el trabajo dignifica” son dos axiomas para los cuales parece no haber contestación posible. Sin embargo, humildemente, me permito alzar la mano y expresar con todo respeto mi absoluto rechazo a semejantes arbitrariedades.
Desde que tengo memoria, mi aversión por el trabajo jamás me abandonó. Mi actitud ante cualquier tipo de esfuerzo que no tuviera que ver con el deporte, fue siempre de heroica resistencia, cuando no de desesperada huída. Recuerdo con orgullo, la intuición que tuve casi desde la cuna para estar en el lugar preciso y el momento indicado para esquivar el bulto ante cualquier posible labor, por mínima que fuera.
y si trabajo me matan
siempre me matan me matan
ay siempre me matan"
(DanielViglietti)
Entre las verdades absolutas con que nos van alimentando desde chicos, no por casualidad tienen un papel preponderante, aquellas relacionadas con nuestro rol en el sistema socio-económico del que formamos parte.
“El trabajo es salud” y “el trabajo dignifica” son dos axiomas para los cuales parece no haber contestación posible. Sin embargo, humildemente, me permito alzar la mano y expresar con todo respeto mi absoluto rechazo a semejantes arbitrariedades.
Desde que tengo memoria, mi aversión por el trabajo jamás me abandonó. Mi actitud ante cualquier tipo de esfuerzo que no tuviera que ver con el deporte, fue siempre de heroica resistencia, cuando no de desesperada huída. Recuerdo con orgullo, la intuición que tuve casi desde la cuna para estar en el lugar preciso y el momento indicado para esquivar el bulto ante cualquier posible labor, por mínima que fuera.
viernes, 17 de abril de 2009
Feisbuk
Uno es los amigos que tiene.
Ese es el tesoro que acumulamos a lo largo de la vida, el mayor y el más valioso, al que defendemos con orgullo hasta el último día que pisamos el mundo.
Y si... porque con los hijos uno es demasiado subjetivo, el orgullo ahí es un poco forzado, ¿vió?
Uno puede tener un tremendo pelotudazo, pero al fin y al cabo es sangre propia, es el legado que le dejamos al mundo y salió como salió... Uno hizo lo mejor que pudo, pero qué se le va a hacer...
Hay que estar orgulloso de los hijos, porque para eso están, para orgullo nuestro y de quienes nos rodean. Mirá sino cuando en cada cumpleaños viene la tía Hilda y le retuerce los cachetes mientras le chupetea la piel de arriba abajo gritando
– ¡No lo puedo creeeeeeeeeeer ! ¡Es mi sobriiinooo ! ¡Noooooooo! Venga con la tía mi chupetincito de algodón, que la tía lo tuvo en brazos cuando pesaba tres kilos setecientos...-
Y así será por los años de los años, hasta que a la tía Hilda el Alzheimer le haga confundir al sobrinito con el Papa Benedicto XVI y le pida que le bendiga las enaguas.
Bueno, pero decía entonces, que orgullo verdadero, orgullo de posta, orgullo sin lazos condicionantes de ninguna especie, es el que siento por mis amigos. Porque serán lo que serán, pero son de fierro.
Serán borrachos, drogados consuetudinarios o mormones conversos, charlatanes insoportables o resentidos sociales, provocadores, fanfarrones o melancólicos incurables, pero son mis amigos,
¿Y qué? Con ellos se va hasta el fondo del océano o al desierto de Gobi sin preguntar por qué.
Si hay que ir, se va, y todo lo demás, al carajo.
Será por esa valoración tan extrema que tengo de la amistad, que cuando Facebook me muestra el cosito ese que dice AÑADIR AMIGOS me da como una cosa, como una desconfianza, ¿no?.
Está bien, igual, acepto la licencia del término porque sino sería engorroso buscar definiciones acordes al vinculo real, porque además es cierto que si acepto un “amigo” lo hago porque me agrada vincularme con él. No necesariamente seremos AMIGOS en la vida, pero bueno, podemos tener una relación de onda, digamos para que el espectro social sea un poco más amplio que el que nos permite el tiempo real y el espacio geográfico.
O sea, internet nos corre algunos límites hasta extremos insospechados, y eso no está mal si se lo usa con sentido común.
Ahora... No nos vayamos de mambo...
Y si, ¿viste? Porque si querés yo soy tu amigo, pero tampoco me vengas con que te hiciste admirador de los pepinos con dulce de leche o que te uniste al grupo “Yo le toque los huevos a Pipo Pescador en el estudio mayor de ATC.”
No, todo tiene un límite, yo quiero ser tu amigo, pero a mi no me jodas con esas cosas...
“Juancito Pérez es admirador de ‘mientras me ducho me como un Paty’”. ¿Que admirás qué?
¡Pará! Todo bien, pero la boludez tiene un límite.
De todas formas, no digo que esté mal ser misericordiosos ante situaciones como éstas, propias del exceso de pasión que ponen algunos en mostrar sus tesoros interiores. Es preferible esto que revolver la mierda propia con las manos y pintar con ella las paredes, síntoma característico que tan bien han descripto y analizado desde Freud y sus primeros discípulos hasta los más contemporáneos Bucay, Rolón o Chiche Gelblung; pero si sos boludo, disimulá!
Es que facebook vendría a ser, en realidad un gigantesco Gran Hermano en el que todos participamos, mostrándonos naturalmente, colgando fotos de nuestros momentos más íntimos y personales para que otros puedan comentar sobre lo que nosotros hicimos.
“¿Qué estás haciendo?” te pregunta Facebook. Porque esa es la pregunta que quieren hacerte los que miran tu perfil. Quieren saber todo porque vos pertenecés a este mundo y nada de lo tuyo les es ajeno.
Con el tiempo uno baja las expectativas, el “¿Qué estás haciendo?” se va transformando en un acompañante permanente al que uno le da bola o no, pero su caracter intimidante sigue allí las 24 horas, es como el ojo de Gran Hermano que no deja de mirarte.
Difícilmente haya un “Me estoy enfiestando con el hombre que vino a arreglar el cable y sus tres ayudantes”. No, las respuestas suelen ser menos atractivas.
Puede ser también que mis amistades sean más discretas que el ser humano-facebook promedio, o que tengan una menor actividad sexual, o gustos más tradicionales, pero lo cierto es que ese tipo de respuestas no suelen verse en el “¿Qué estás haciendo?”.
Entonces, uno va bajando las expectativas por las respuestas y se conforma con cosas menos excitantes: “Estoy podando el helecho”, “Estoy por sacar a pasear a mi gata Pelusa”, “Estoy pensando de qué color pintar el cuarto de la nena”, y ese tipo de pelotudeces.
La cuestión es contarle a mi universo-facebook qué estoy haciendo, para que todos sepan que yo estoy viviendo de manera casi permanente, que yo existo carajo, y quiero contarlo.
Aunque no lo veamos, el sol siempre está, cantábamos hace unos años. Hoy la frase ha cambiado como cambió el mundo: al sol ya me lo paso por las pelotas, ahora el que siempre está soy yo.
Es la victoria del individuo por sobre el cosmos, del perfil en el que YO cuento lo que estoy haciendo sobre la declamación de que hay un universo que está por encima de todos nosotros.
Lo que YO hago, importa más que El Resto (tango de Aroldi).
Dentro de este panorama, el “yo admiro a” o el “pertenezco al grupo tal” es por lo menos un grito de convocatoria colectiva: “Uno de tus amigos admira sacarse los mocos en el semáforo” y ahí va nuestro click en el “Hazte admirador” porque, mirá vos, a mi me pasa lo mismo. O el interminable desafío de quién es más vivo: “A que encuentro en Facebook cien mil hinchas del Steau de Bucarest que piensen que los de Inter de Porto Alegre son menos amargos que los de Argentino de Quilmes”, y sus respuestas, también interminables: “A que encuentro en Facebook Doscientos mil hinchas de Argentino de Quilmes que les chupa un huevo los que son del grupo de a que encuentro en Facebook cien mil hinchas del Steau de Bucarest que piensen que los de Inter de Porto Alegre son menos amargos que los de Argentino de Quilmes”
Y así la multiplicación de los grupos, como aquella de los peces y panes con la que nos han engañado desde chiquitos....
En fin, a mi dejame el Facebook, que ya trajo de vuelta a casa a entrañables amigos a quienes no veía desde hace años y de quienes no sabía un carajo y con los que pude comer varios maravillosos asados que hasta hace poquitos días jamás hubiera imaginado.
O aquellos con quienes nunca fuimos tan amigos pero de los que siempre quise saber qué habrá sido de sus vidas, porque teníamos buena onda, porque eran buena gente o por compartir momentos que serán eternamente inolvidables.
Pero no me pelotudiés (Si, así con "ies" que es como lo decimos)
No me vengas con la exacerbación de las relaciones virtuales porque eso conmigo no va: yo quiero abrazarte, tomar un vino y cagarme de risa mirándote la cara, decirte que te quiero mucho saboreando cada palabra, degustando la amistad como un malbec o un torrontés salteño, sintiendo los tonos frutados y las notas de ciruela y cabra en celo (las papilas de los enólogos siempre me parecieron sorprendentes), quiero quedarme hablando de nuestros hijos y de la joda que le hicimos en tercero a la de música hasta las cinco de la mañana, y de que se murieron tu vieja y la mía y de que a Racing le dicen Martín Karadajián, así, sin tandas en el medio para cambiar de clima, así como es la vida, simple, despiadada y única.
Yo quiero que tus ojos llorosos a las cuatro de la mañana después de varias botellas, se metan en mi sangre y se queden ahí hasta el próximo encuentro.
Y ahí, Feisbuk, pierde por goleada.
Ese es el tesoro que acumulamos a lo largo de la vida, el mayor y el más valioso, al que defendemos con orgullo hasta el último día que pisamos el mundo.
Y si... porque con los hijos uno es demasiado subjetivo, el orgullo ahí es un poco forzado, ¿vió?
Uno puede tener un tremendo pelotudazo, pero al fin y al cabo es sangre propia, es el legado que le dejamos al mundo y salió como salió... Uno hizo lo mejor que pudo, pero qué se le va a hacer...
Hay que estar orgulloso de los hijos, porque para eso están, para orgullo nuestro y de quienes nos rodean. Mirá sino cuando en cada cumpleaños viene la tía Hilda y le retuerce los cachetes mientras le chupetea la piel de arriba abajo gritando
– ¡No lo puedo creeeeeeeeeeer ! ¡Es mi sobriiinooo ! ¡Noooooooo! Venga con la tía mi chupetincito de algodón, que la tía lo tuvo en brazos cuando pesaba tres kilos setecientos...-
Y así será por los años de los años, hasta que a la tía Hilda el Alzheimer le haga confundir al sobrinito con el Papa Benedicto XVI y le pida que le bendiga las enaguas.
Bueno, pero decía entonces, que orgullo verdadero, orgullo de posta, orgullo sin lazos condicionantes de ninguna especie, es el que siento por mis amigos. Porque serán lo que serán, pero son de fierro.
Serán borrachos, drogados consuetudinarios o mormones conversos, charlatanes insoportables o resentidos sociales, provocadores, fanfarrones o melancólicos incurables, pero son mis amigos,
¿Y qué? Con ellos se va hasta el fondo del océano o al desierto de Gobi sin preguntar por qué.
Si hay que ir, se va, y todo lo demás, al carajo.
Será por esa valoración tan extrema que tengo de la amistad, que cuando Facebook me muestra el cosito ese que dice AÑADIR AMIGOS me da como una cosa, como una desconfianza, ¿no?.
Está bien, igual, acepto la licencia del término porque sino sería engorroso buscar definiciones acordes al vinculo real, porque además es cierto que si acepto un “amigo” lo hago porque me agrada vincularme con él. No necesariamente seremos AMIGOS en la vida, pero bueno, podemos tener una relación de onda, digamos para que el espectro social sea un poco más amplio que el que nos permite el tiempo real y el espacio geográfico.
O sea, internet nos corre algunos límites hasta extremos insospechados, y eso no está mal si se lo usa con sentido común.
Ahora... No nos vayamos de mambo...
Y si, ¿viste? Porque si querés yo soy tu amigo, pero tampoco me vengas con que te hiciste admirador de los pepinos con dulce de leche o que te uniste al grupo “Yo le toque los huevos a Pipo Pescador en el estudio mayor de ATC.”
No, todo tiene un límite, yo quiero ser tu amigo, pero a mi no me jodas con esas cosas...
“Juancito Pérez es admirador de ‘mientras me ducho me como un Paty’”. ¿Que admirás qué?
¡Pará! Todo bien, pero la boludez tiene un límite.
De todas formas, no digo que esté mal ser misericordiosos ante situaciones como éstas, propias del exceso de pasión que ponen algunos en mostrar sus tesoros interiores. Es preferible esto que revolver la mierda propia con las manos y pintar con ella las paredes, síntoma característico que tan bien han descripto y analizado desde Freud y sus primeros discípulos hasta los más contemporáneos Bucay, Rolón o Chiche Gelblung; pero si sos boludo, disimulá!
Es que facebook vendría a ser, en realidad un gigantesco Gran Hermano en el que todos participamos, mostrándonos naturalmente, colgando fotos de nuestros momentos más íntimos y personales para que otros puedan comentar sobre lo que nosotros hicimos.
“¿Qué estás haciendo?” te pregunta Facebook. Porque esa es la pregunta que quieren hacerte los que miran tu perfil. Quieren saber todo porque vos pertenecés a este mundo y nada de lo tuyo les es ajeno.
Con el tiempo uno baja las expectativas, el “¿Qué estás haciendo?” se va transformando en un acompañante permanente al que uno le da bola o no, pero su caracter intimidante sigue allí las 24 horas, es como el ojo de Gran Hermano que no deja de mirarte.
Difícilmente haya un “Me estoy enfiestando con el hombre que vino a arreglar el cable y sus tres ayudantes”. No, las respuestas suelen ser menos atractivas.
Puede ser también que mis amistades sean más discretas que el ser humano-facebook promedio, o que tengan una menor actividad sexual, o gustos más tradicionales, pero lo cierto es que ese tipo de respuestas no suelen verse en el “¿Qué estás haciendo?”.
Entonces, uno va bajando las expectativas por las respuestas y se conforma con cosas menos excitantes: “Estoy podando el helecho”, “Estoy por sacar a pasear a mi gata Pelusa”, “Estoy pensando de qué color pintar el cuarto de la nena”, y ese tipo de pelotudeces.
La cuestión es contarle a mi universo-facebook qué estoy haciendo, para que todos sepan que yo estoy viviendo de manera casi permanente, que yo existo carajo, y quiero contarlo.
Aunque no lo veamos, el sol siempre está, cantábamos hace unos años. Hoy la frase ha cambiado como cambió el mundo: al sol ya me lo paso por las pelotas, ahora el que siempre está soy yo.
Es la victoria del individuo por sobre el cosmos, del perfil en el que YO cuento lo que estoy haciendo sobre la declamación de que hay un universo que está por encima de todos nosotros.
Lo que YO hago, importa más que El Resto (tango de Aroldi).
Dentro de este panorama, el “yo admiro a” o el “pertenezco al grupo tal” es por lo menos un grito de convocatoria colectiva: “Uno de tus amigos admira sacarse los mocos en el semáforo” y ahí va nuestro click en el “Hazte admirador” porque, mirá vos, a mi me pasa lo mismo. O el interminable desafío de quién es más vivo: “A que encuentro en Facebook cien mil hinchas del Steau de Bucarest que piensen que los de Inter de Porto Alegre son menos amargos que los de Argentino de Quilmes”, y sus respuestas, también interminables: “A que encuentro en Facebook Doscientos mil hinchas de Argentino de Quilmes que les chupa un huevo los que son del grupo de a que encuentro en Facebook cien mil hinchas del Steau de Bucarest que piensen que los de Inter de Porto Alegre son menos amargos que los de Argentino de Quilmes”
Y así la multiplicación de los grupos, como aquella de los peces y panes con la que nos han engañado desde chiquitos....
En fin, a mi dejame el Facebook, que ya trajo de vuelta a casa a entrañables amigos a quienes no veía desde hace años y de quienes no sabía un carajo y con los que pude comer varios maravillosos asados que hasta hace poquitos días jamás hubiera imaginado.
O aquellos con quienes nunca fuimos tan amigos pero de los que siempre quise saber qué habrá sido de sus vidas, porque teníamos buena onda, porque eran buena gente o por compartir momentos que serán eternamente inolvidables.
Pero no me pelotudiés (Si, así con "ies" que es como lo decimos)
No me vengas con la exacerbación de las relaciones virtuales porque eso conmigo no va: yo quiero abrazarte, tomar un vino y cagarme de risa mirándote la cara, decirte que te quiero mucho saboreando cada palabra, degustando la amistad como un malbec o un torrontés salteño, sintiendo los tonos frutados y las notas de ciruela y cabra en celo (las papilas de los enólogos siempre me parecieron sorprendentes), quiero quedarme hablando de nuestros hijos y de la joda que le hicimos en tercero a la de música hasta las cinco de la mañana, y de que se murieron tu vieja y la mía y de que a Racing le dicen Martín Karadajián, así, sin tandas en el medio para cambiar de clima, así como es la vida, simple, despiadada y única.
Yo quiero que tus ojos llorosos a las cuatro de la mañana después de varias botellas, se metan en mi sangre y se queden ahí hasta el próximo encuentro.
Y ahí, Feisbuk, pierde por goleada.
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